El carácter multicultural de Gálata no es un eslogan, sino una historia que puede seguirse a través de las cifras. Dos datos resumen este relato: según el censo de 1455, en la zona vivían solo veinte turcos; en 1885, el 47 % de la población de Pera, Gálata y Tophane estaba formada por extranjeros. ¿Qué ocurrió en los cuatro siglos transcurridos entre ambas fechas?
Primero hubo una colonia
Durante la conquista de Estambul, Gálata era una colonia genovesa con su propio gobernador —su Podestà—. Aprovechando un momento de debilidad de Bizancio, los genoveses levantaron sus murallas; durante la conquista, entregaron las llaves del barrio a Fatih Sultan Mehmet y, a cambio, conservaron su estatus especial. Esta vez, el Podestà fue nombrado por el sultán y siguió gobernando la zona con el título de Voyvoda.
En otras palabras, Gálata fue un lugar «diferente» desde su primer día dentro del Imperio otomano: un barrio portuario con su propio orden, sus propias comunidades y su propia red comercial. Su población estaba compuesta principalmente por griegos locales, armenios y judíos sefardíes.
Puerto, capitulaciones, banco
Lo que hizo crecer a Gálata fue el comercio. Los genoveses la habían convertido en uno de los puertos más activos del Mediterráneo; esta cualidad se mantuvo durante el período otomano, y los privilegios comerciales otorgados mediante las capitulaciones aceleraron el flujo. El barrio se convirtió en centro de comerciantes, cambistas y banqueros. La actividad financiera desarrollada en la zona que hoy llamamos Bankalar Caddesi, la concentración de tiendas en el lado de Karaköy y la actividad del puerto incrementaron continuamente la población del barrio.
A partir del siglo XVI, las embajadas extranjeras, las iglesias y los edificios que alojaban al personal diplomático hicieron que Gálata y Beyoğlu resultaran atractivos también para los visitantes europeos. Llegado cierto momento, el barrio comenzó a parecerse a las ciudades europeas no solo por su arquitectura, sino también por los idiomas que se hablaban en sus calles y por su estilo de vida.
El reflejo del cosmopolitismo en la arquitectura
Esta diversidad humana también se reflejó en la piedra. Una población con necesidades y expectativas distintas remodeló el tejido urbano: las calles estrechas y sinuosas se llenaron de establecimientos; se sucedieron tabernas, sastres, barberías y cafés; iglesias, sinagogas y hospitales pasaron a formar parte del perfil del barrio. Y por fin, aquí se alzaron los primeros edificios de apartamentos de Estambul, porque había nacido una nueva clase media que no poseía mansiones, pero deseaba vivir cómodamente.
La primera lista de residentes de los Apartamentos Barnathan en 1892 ofrece un pequeño ejemplo de este panorama: un fabricante de espejos, un médico, banqueros y empleados del Banco Otomano y de los Ferrocarriles Orientales. Orígenes distintos, profesiones distintas, la misma escalera.
Lo que permanece hoy
El siglo XX transformó en gran medida este tejido; los cambios demográficos modificaron de forma permanente la composición del barrio. Pero la identidad cosmopolita de Gálata permanece grabada en piedra: en las inscripciones, en las fechas escritas según el calendario judío, en los registros anuales en francés y en los mismos edificios que hoy reciben a huéspedes de cinco continentes.
Los siete hoteles de Meroddi también viven en estos edificios. Escuchar distintos idiomas entre quienes cruzan nuestra puerta nos recuerda que la costumbre más antigua del barrio sigue viva.
Fuente: "Barnathan Apartmanları" (Çiğdem Oğuz, Nar Yatırım, 2016). Para alojarse dentro de esta historia: Hoteles Meroddi →



